Hoy en el instituo había vacuna. Resulta que entre el 93 y el 98 habian administrado vacunas de la triple virica que no hacían efecto, y hace un mes, 50 casos de paperas en Jerez. El Servicio Andaluz de Salud se llevo las manos a la cabeza, y uno de ellos tuvo una idea: ¡Vacunemos de nuevo a todos los alumnos de Jerez!. Me hace una gracia increible. Todos los que ya me conoceis, conocereis también esa aficion y gusto que tengo a que pinchos de varios centimetros de longitud se me claven en el cuerpo. Los 3 dias anteriores estoy que reboso de alegría. Y ademas tambien durante estos tres dias me he acordado de aquel tio del SAS que tuvo la idea.
Esta mañana al llegar al instituto, y tras intentar abrir los ojos por tercera vez en la mañana (en el autobus no hace falta tenerlos abiertos), mi compañero de mesa me transmitió la mala noticia. Hoy había vacuna. Aunque como yo había faltado el dia anterior por estar manejando un brazo robótico en la UCA (vease mi Twitter), no tenia justificante para hacerlo. Pues armandome de coraje y valor, cogi un papel y me fui dispuesto a que mi padre me lo firmara. Por el camino estuve a punto de desertar 4 veces, una de las cuales me entró en la cabeza la idea de subirme al primer autobús que viera y bajarme en la ultima parada, y una vez alli, correr, correr y correr.
Pero al final consegui la firma de mi progenitor, asi que de vuelta al instituto, resulta que ya habían vacunado a todo el instituto menos a mi clase. Me pongo en la cola. En ese momento no temblaba, vibraba, incluso el de detrás me pregunto si era a mi al que me estaba sonando el móvil. Veo que poco a poco van saliendo los de mi clase, y a ninguno lo han pinchado (¡Bien, se ha muerto la enfermera!). Lo siento tremendamente por mis pensamientos, ya que en ese momento no los podía controlar. Cuando por fin llega mi turno, entro, con el conserje detras mia recogiendo los manantiales de sudor frío que recorria mi cuerpo en ese momento, y todo termino, en un segundo, con una frase:
– Vale, tu la tienes puesta, no te tienes que vacunar.
Campanas, trompetas y algun que otro violín sonaba (era que la directora se había dejado la radio puesta), pero yo, feliz y contento, salía triunfante mientras mis compañeros me aplaudían, habiendo sido la única vez que he entrado a ponerme una vacuna, y no he salido con los pies por delante.